
Llegó la hora
Hubo un tiempo en el que la vida era
una inversión de tiempo demasiado esclava
y cada segundo vivido, sufrir,
y acostumbrada a sufrir
ningún dolor lo suficiente...
Mucho corazón, poca cabeza.
Hubo un tiempo en el que no tuvimos tiempo,
más que para el otro, aunque pareciese
lo contrario, y es que ese era el engaño,
palabras, palabras, descripción de un yo
volcado en un aún, un todavía, un hasta cuándo.
Hablar y hablar, horas y horas de terapia
incesante, absurda, sin salida, para nada
sin ningún sentido, todo eso, sin sentido.
Nada que hacer apenas remover la olla,
cocinar la tragedia, masticar el futuro.
llegó la hora de madurar la vida
de comérsela dulce, salada, agria, amarga
de sentirse sola, a fondo, sentir que nos acoge
la soledad honesta, sencilla, y nos abraza
llegó la hora de madurarla y enfrentarla
con todo el corazón y con el cuerpo,
con los brazos, las piernas, los ojos
y obligarla a empellones a decirnos lo que piensa.
Llegó la hora de dejar lo cursi, de cepillarse
el pelo que nos sobra, de pensar en lo importante,
de seguir con la risa, aunque sea desde el cinismo,
de mirar al cielo e imaginárselo como aire.
Hombre, que estás ahí, llegó la hora,
de pensar el futuro como una aventura mítica,
de que el amor se transforme en un barco de vela
que las amarras sean sólo herramientas náuticas,
llegó la hora de izarse, de sobrevivirse, de ser,
de dejar de estar como si fuese gratis,
nada es gratis, por desgracia, todo cuesta, nada vale.
Llegó la hora de ser desde uno hasta sí mismo,
de esta gran luna llena donde sólo aprovecha
que la hora ha llegado de abrazar esta musa
que ya no es la ñoñez la que dicta el camino,
que por fin sabemos que moriremos juntas,
tú y yo Celestina, María, Soledad, Martirio,
Sangre de mi sangre, saliendo de mí, entrando.
Solas estamos, hagámoslo así, sabias,
solas permanezcamos pues esto es la verdad.
Llegó la hora de que no pase la hora,
la de concretar este motín contra el infierno.
Nada puedes satán, cambiar el mundo,
pues ya no creo en ti, soy libre, el pecado no existe.
lunes 19 de mayo de 2008
Llegó la hora
jueves 15 de mayo de 2008
las líneas de la mano

En cuanto recorremos los caminos,
de las líneas invisibles,
hay otros cruces que se quedan
a nuestra espalda,
por los que decidimos una vez
torcer allí, girar allá.
Los caminos recorridos,
nos pertenecen,
aquellos descartados son
grilletes también, dudas razonables
pesos invisibles en la espalda
preguntas sin respuesta.
Aquellas vías de las que sólo vimos un recodo,
u otras, grandes calles
en las que se nos perdía la vista.
El miedo a lo desconocido,
el miedo a lo demasiado conocido.
Unos, los que han ido conformando,
la forma de nuestros cuerpos,
los otros, que han modelado
la forma,
de nuestras almas,
o espíritus,
los del sí y los del no se unen
para cantarnos desde la isla...
Pero el camino bueno,
quizás sea solamente
este de la mano,
el de la línea, la infinita línea
que traza nuestra carne,
como si fuese un papel
doblado y desdoblado en mil partes
que contuviese no el camino
sino el mapa,
de nuestra memoria primera.
A nadie pertenece el conocimiento
el sí,
la aserción, la intransigencia,
a nadie le compete nuestro rumbo,
nuestra brújula, el ritmo que imprimimos.
Cuando nos digan que si la parálisis,
que si la involución, la síntesis,
quietud,
en fin, la muerte,
podremos abrir el mapa, desplegar las manos
y volar al cielo,
para ver,
todos los caminos desde el aire.
Para Alejandro Caja
martes 13 de mayo de 2008
recordar
Resulta que
Impactaste sobre mí como un cometa,
Caíste con toda la energía de la sangre
Acechando el límite .
Raudo, metafísico, ensimismado
Das a la vida una cara poliédrica, paradoja
Ocasionalmente accidentada y en movimiento perpetuo.
miércoles 7 de mayo de 2008
El corazón cosecha
El corazón cosecha
mi corazón a modo de guadaña
quiere cortar desde el origen las caricias
y secarlas al sol de la memoria
para conservarlas...
Dentro muy dentro,
cuando llegue el invierno de la vida
esas caricias mezcladas
con agua y viento
se convertirán en pan entre mis manos,
alimento de dioses...
Así, mi espíritu,
que nace del espacio físico
huido del aire del que aplaude,
de la boca
abandonada
por un respingo involuntario,
innecesario,
en plena soledad...
recorrerá como un duende,
como un ánima burlesca,
los espacios circundantes de la vida,
desde ahora
hasta que el impulso del verano
retroceda.


